Ami el nino de las estrellas

Apareció un trozo de carne con papas fritas. Este cacharro lanza haces, seleccio- na y ordena, filtra, codifica, descodifica, amplifica y proyecta. Al parecer se estaba burlando de mí. Yo mismo me construí este cachivache. Es un recuerdo, un trabajo de la escuela primaria. Todo es cuestión de grados. Una radio a pilas o una linterna es un milagro para un aborigen de las selvas. Se puso serio por vez primera. Me dirigió una mirada que denotaba cierta tristeza y dijo: El futuro no lo conoce nadie, afortunadamente.

Me parecía ameno su modo de enseñar, con ejemplos claros. Uno puede solamente calcular posibilidades. Muchas civilizaciones como ésta se han perdido por ese mismo motivo. Me quedé largo rato meditando. Ami sonrió. Pienso que si deciden bajar en un parque de cualquier ciudad y emiten una declaración amistosa Yo estaba realmente intranquilo.

Seguí buscando una solu- ción para evitar la guerra y salvar a la humanidad Se lo dije. Cuando terminó de reír aseguró que yo no podía dejar de ser terrícola para pensar, y que todavía tenía ganas de sepultar vivos a todos los malvados del mundo, igual que en mis fantasías infantiles. Todavía no terminaba de hacer esa pregunta cuando me sentí tonto por haberla hecho. Me miró con cariño y, poniéndo- me la mano sobre el hombro, dijo: Quien ama no puede hacer daño a aquello que ama, así que olvídate de guerras o invasiones de parte nuestra. Nosotros no estamos aquí para destruir ni para hacer sufrir a nadie, sino para construir y ayudar.

Me sorprendió mucho su respuesta; esa gente era increíble de buena. Él se puso a reír al percibir lo que yo pensaba. Luego de pensar un poco dije que no. Supe que hablaba de Dios, y yo era creyente Dios existe. Me puse a pensar en Dios un poco arrepentido por haber puesto en duda su existencia. Mi amigo espacial se regocijaba con mi confusión.

Él se enteró de lo que yo pensaba; después de reír tomó una ramita y dibujó una figura humana sobre la arena. Aquí mismo las hay entre los distintos tipos humanos de este planeta. Comenzamos a caminar por el sendero hacia el pueblo. Me puso el brazo sobre el hombro, y sentí en él al hermano que nunca tuve. Unas aves nocturnas pasaron graznando a lo lejos. Es un Espíritu, un Ser infinito que lo penetra todo, que es pura inteligencia creadora, puro amor. Su rostro brillaba en la noche al hablar del Creador, lo cual lograba emocionarme, a pesar de que no soy del tipo religioso. Yo pensé en los habitantes de los mundos atrasados que él había mencionado antes, y también en la gente mala de este mismo planeta, en esos que habría que echar a un pozo bien hondo, y no me pareció que el Universo fuese algo tan maravi- lloso después de todo.

Creo que sí. En cambio, quienes nacieron sin problemas no pueden valorar adecuadamente lo que tienen. Pasamos por mi casa. Entré silenciosamente a buscar una prenda de lana para abrigarme. Me sentí poderoso porque ya sabía lo que había en él sin necesidad de retirar el plato superior, pero me entró una pequeña duda y eché un vistazo para cerciorarme: Volví al lado de Ami, y continuamos caminando y conversando. Él lo contemplaba todo mientras hablaba.

Para eso estamos aquí —dijo alegre- mente mientras me guiñaba un ojo. Serían las once de la noche. Me parecía una emocio- nante y arriesgada aventura pasear tan tarde por el pueblo, pero me sentía protegido al lado de Ami. Fíjate cómo cae la luz sobre esa enredadera. Y esas antenitas recortadas contra la luna La vida es para disfrutarla sanamen- te, Pedro.

Intenta percibir y sentir, en lugar de pensar. Su energía, sus palabras, me hicieron ver las cosas desde un nuevo punto de vista. Llegamos a la plaza del pueblo. Unos jóvenes estaban en la puerta de una discoteca, otros conversaban en el centro de la pla- za. El lugar estaba tranquilo, especialmente ahora que la tempo- rada veraniega había llegado a su fin. Nadie se fijaba en nosotros, a pesar del traje y el pelo de Ami; tal vez pensaban que se trataría de un disfraz inocente.

No comprendí qué quiso decir. No, gracias. Ami reía mientras relataba una película tan horrible, aun- que reconocí que era posible y me sentí intranquilo por él, y peor cuando se le ocurrió acercarse muy alegre a conversar con los chicos de la plaza Eso es vivir de acuerdo con la ley fundamental del Universo, así es un mundo evolucionado. No la conoces —se burlaba de mí riendo—.

Escribe tu propio comentario.

Ami rió a carcajadas. Comencé a meditar en esa prohibición de intervenir en los planetas no evolucionados y me di cuenta de que algo no cuadraba: No pasaste por alto ese detalle. Me asusté. Los poderosos se volverían locos al ver que pierden sus privilegios y Este contacto mío contigo es parte de un plan de ayuda. Él me miró con afecto y dijo: Nosotros no podemos evitar ayudar a quienes lo necesiten porque sentimos que ellos y nosotros somos lo mismo.

La solidaridad es algo natural, brota por sí misma. A muchísima gente tampoco le gusta lo que sucede en esos luga- res y tratan de hacer algo. Algunos se van a esos países pobres a ayudar en lo que puedan; lo hacen sólo por solidaridad. Nosotros también estamos aquí motivados por la misma fuerza: Todo lo que hacemos es para entregarles información o ayuda. Por eso, SEIS: No queremos convertirnos en dro- ga de evasión No queremos ser eso, sino todo lo contrario, es decir, impulsarles a afrontar sus problemas, a superarlos.

Y por otra parte, OCHO: Nada en nuestros mundos deja de estar supe- ditado al propósito general, y de acuerdo con eso, se coordina la visibilidad o invisibilidad de todo lo que se mueva en sus cielos. Nuestro res- peto por la libertad ajena se basa en la solidaridad universal, que a su vez tiene sus raíces en el amor. Así como sus biólogos no tocan nada que pueda afectar la evolución de muchas especies de la Tierra a las que quieren proteger, excepto procurando quitar la contaminación de origen humano que pueda rodearlas y afectarlas Yo debo irme pronto, Pedro.

Sí, me pareció, aunque escribir yo solo una obra literaria me sonó como una tarea descomunal. Encontré que eso también tenía sentido. La energía atómica al lado de ellas es como un fósforo al lado del sol. Ami se desternilló de la risa. Vamos a ver a tu abuela. Tomó el pequeño televisor de la hebilla de su cinturón y ella apareció durmiendo con la boca entreabierta.

Qui- siera dormir yo tam- bién. Los agentes vieron dos chicos solos a esas ho- ras de la noche, de- tuvieron el automóvil, bajaron y vinieron ha- cia nosotros. Me dio mucho miedo de que capturasen a mi nue- vo amigo, que lo encarcelasen y lo sometiesen a las torturas que él mencionó antes.

Intenté reír yo también pero debido a mis nervios no pude hacerlo. Él respondía con alegría y despreocupación mientras mi terror aumentaba. Creía que se trataba de un juego infantil; sin embargo, Ami sólo decía toda la verdad. Yo no sabía qué hacer. Procuré sonreír y sólo me salió una mueca bastante idiota, no me atreví a decir la verdad por temor a que lo metiesen preso. A ver, paralízanos a nosotros. Los tres reían muy divertidos. De pronto, Ami se quedó quieto, se puso muy serio y los miró fijamente. Con una voz extraña, sonora y autoritaria les ordenó: No pueden, no pue- den moverse Todo lo que Ami hacía aumentaba mi temor.

Yo sólo quería estar muy lejos de allí y de ese extraterrestre tan loco, tan imprudente. Bien, vamos —dijo sin entusiasmo, se acercó a los rostros de los sonrientes policías, y con la misma voz anterior les ordenó—: Al llegar a la primera esquina doblamos hacia la playa y nos alejamos del lugar. Pudo haberte tocado una de ellas. Yo no estoy hipnotizado, estoy des- pierto.

Parece que ahí sí que venía hipnotizado Otros viven temiendo a los espectros, al diablo, a los extraterrestres, a la idea de que la Tierra va a chocar con otro planeta y cosas así de feas. Una persona relativamente despierta siente que la vida es hermosa, que es una oportunidad extraordinaria para amar, dis- frutar, crecer y ayudar a otros, aunque haya momentos duros. Sus palabras me hicieron recordar algo muy triste, cuando me quedé sin padres. Yo era un bebé, por suerte, y no los recuer- do. Mi abuela se encargó de mí y me dio su cariño; pero hubie- ra preferido ser un chico corriente, con una familia normal.

Qué se va a hacer Ami continuó explicando: Algo me hizo clic por alguna parte cuando Ami dijo aquello. Yo no era así ni había visto a mucha gente así, a nadie en realidad, a menos que estuviese actuando, posando para una foto o filmando una película. Él se enteró de lo que yo pensaba. Deberías aprovechar tu pro- pia vida, que es linda y corta Y pensar que algunos interrum- pen su proceso evolutivo y se suicidan por cualquier pequeña dificultad. En lugar de hacer esfuerzos por encontrar la enseñanza encerrada en una situación límite y tratar de resolver el conflicto Ami comenzaba a hablar de una forma difícil de compren- der y todavía me asustaba el recuerdo del encuentro que había- mos tenido momentos antes.

Me miró como si acabara de decir una estupidez. Sin embargo, y a pesar de todo, si les llegas por el lado bueno, en general te devuelven lo bueno de ellos; pero si les llegas por el lado malo puedes espe- rar su lado peor. En aquel tiempo la consigna era: Comprendí que Ami nos proponía un cambio mental muy grande, muy difícil, pero que tenía razón. Iré a dar una vuelta por las estrellas Allí se me ocurrió inmediatamente la forma de salir sin que ella me echase de menos. Lo haré con mucho cuidado y en silencio. Estaremos de vuelta antes que ella despierte.

No temas nada.

Vista General Rápida

Te acompaño adentro, entremos en silencio, shhhh. Una vez en casa hice todo de acuerdo con lo calculado, pero cuando quise poner el plato en el microondas para calen- tar mi cena, Ami me lo impidió; con el índice en la boca me hizo comprender que mi abuela podría despertar con el ruido del artefacto. También me preparé un vaso de leche con chocolate.

Bien, voy a buscarla. Me hizo gracia su recomendación innecesaria. Ami avanzó hacia las suaves olas, se internó en el agua y desapa- reció del alcance de mi vista en la oscuridad. Fueron pasando los minutos y tuve tiempo para pensar a solas por primera vez des- de la aparición de Ami Esperé largo rato. Yo estaba total- mente solo allí, en una oscura playa, terriblemente solitaria Iba a enfrentarme nada menos que a una nave alienígena La imaginación comenzó a hacerme ver sombras extrañas y movedizas entre las rocas, en la arena, emergiendo de las aguas Y así fui llegando a dudar de todo: No podía ser Emitía una luz entre plateada y verde.

Fue una visión espantosa, sentí verdadero terror. Para mí, aquello se transformó en una maquinaria infernal, venida quién sabe desde qué sombrío rincón del espacio, llena tal vez de seres monstruosos y crueles que venían a raptarme. Me pareció de un tamaño mucho mayor que el del objeto que había visto caer al mar horas antes. Comenzó a acercarse a mí flotando a unos tres metros sobre las aguas. Aquello era una pesadilla. El terror me había paralizado y ya no podía salir huyendo, pero tampoco podía dejar de mirar a ese engendro luminoso que venía a llevarme, tal vez a un zoológico espacial Cuando estuvo inmenso, gigantesco sobre mi cabeza, me sentí perdido, hasta pensé que aquella mole siniestra iba a aplas- tarme sin compasión.

Apareció una luz amarilla en el vientre del monstruo, lue- go un reflector me encandiló y supe que ya estaba muerto. Encomendé mi alma a Dios y decidí abandonarme a su altísima Voluntad, como decía mi abuela. Sentí que me subían, que iba en una especie de ascensor, pero mis pies no estaban apoyados sobre nada. Esperé ver apare- cer aquellos seres con cabeza de pulpo y ojos sanguinarios El niño de las estrellas esta- ba frente a mí sonriendo, con sus grandes ojos amistosos. Su mirada logró calmarme, volviéndome a la realidad, a esa realidad increíble y benigna que él me había enseñado a conocer.

Me puso una mano sobre el hombro. Cuando pude hablar sonreí confortado y le dije: Ante mí apareció una sala semicircular rodeada de grandes ventanas cur- vas. En una de ellas pude reconocer un croquis del mapamundi terres- tre. Yo podía tocar el techo levantando el brazo. Me acerqué a las ventanas mientras Ami se acomodaba en el sillón central, frente a los controles. Tras los vidrios pude ver a lo lejos el res- plandor de las luces del pequeño pueblo.

Sentí una leve vibra- ción en el piso y las luces desaparecieron; ahora sólo se veían estrellas Casi me desmayo: Mi entusiasmo crecía, pero pronto la altura me produjo vértigo. Cuando terminó de reír me explicó: Me alarmé, pero sus risas me hicieron comprender que se trataba de otra de sus bromas. Me preparé para disfrutar del viaje mirando por la ventana.

Al asomarme Yo estaba fascinado.

Miré las grandes avenidas iluminadas. Quiero disfrutar del paseo. La luz del tablero estaba apagada, nadie nos veía. Fuimos avanzando suave y silenciosamente por entre las estrellas del cie- lo y las luces de la ciudad. Apareció mi casa. Fue algo extraordi- nario poder verla desde las alturas. Frente a él, en una pantalla apareció la calle enfocada des- de la altura.

Era el mismo sistema por el que veíamos dormir a mi abuela, pero con una gran diferencia: Parecía que uno podía meter la mano por la pantalla y tocar las cosas. Intenté hacerlo pero un vidrio invisible me lo impidió.

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Ami se divertía conmigo. Yo había pensado que sí —dije, desilusionado. La imagen de la pantalla atravesó el techo de mi casa y lue- go la recorrió por cada rincón. Todo estaba en orden. Él no se esperaba esa solicitud mía. Comprendí inmediatamente que un aparato como aquél iba a ser utilizado para espiar. Le pedí que diésemos una vuelta por la ciudad. Pasamos sobre mi colegio. Vi el patio, el campo deportivo, mi sala de cla- ses.

Eso me iba a convertir en la estrella del colegio Continuamos paseando sobre mi ciudad. Como de costumbre, Ami se estaba riendo de mí. Llegamos a alguna tierra y, lo extraordinario: Para mí, aquello fue algo increíble. En unos instantes se hizo de día. Pensé que Ami lo iba moviendo, como si fuese un juego electró- nico en la pantalla. Le dio risa y dijo: Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

La nave frenó de golpe y se quedó inmóvil.

Ami el niño de las estrellas (): ybezijugitux.tk: Enrique Barrios: Libros

Me parecía estar viendo una película o soñando: Sobre todo me llamó la atención la enorme cantidad de gente. Para mí, eso era otro mundo. Nadie nos veía; la luz indicadora estaba apagada. Qué manía eso de amargarse la existencia por todo algunos terrí- colas Pronto dis- tinguí la bahía, el pueblo, la casa de la playa, el techo y a mi abuela. Era increíble, parecía estar allí, durmiendo todavía con la boca entreabierta, en la misma posición anterior. Tomó una especie de micrófono y me indicó que guardara silencio. Mi abuela escuchó aquello, despertó, se levantó y fue hacia el comedor.

Pudimos escuchar sus pasos y su respiración. Vio los restos de mi cena sobre la mesa, ordenó todo y dejó los platos en la cocina; luego se dirigió a mi habitación, abrió la puerta, encendió la luz y miró hacia mi cama; se veía perfecta, parecía que yo estaba allí. Tomó el micrófono y se puso a respirar cerca de él. Ella escuchó esa respiración y creyó que era la mía, apagó la luz, cerró la puerta y se dirigió hacia su dormitorio.

Esta vez no iba a pasar vergüenza. Respondí con seguridad y orgullo: Atravesamos todo el territorio de la India viajando hacia el nordeste. Cuando llegamos a los Himalayas la nave se detuvo. En una pantalla aparecie- ron signos extraños—. Vamos a dejar una evidencia. Vamos a ser guiados. Ya llegamos. La luz del tablero señalaba que éramos visibles. Había mucha nieve por allí. Vestía una chaqueta de cazador, de color rojo; llevaba una escopeta, parecía muy asustado. Nos apuntó con su arma. Me agaché con temor para evitar ser alcanzado por el posible disparo. Ami se divertía con mis temores. Nos elevamos y quedamos muy alto, siempre emitiendo destellos multicolores.

Muchas personas han visto pasar nuestras naves, pero no lo recuerdan. Si en el momento de ver- nos estaban muy pre-ocupadas con sus feas historias mentales, nos miraron casi sin prestarnos atención, y luego lo olvidaron. Tenemos estadísticas impresionantes al respecto.

En otra de las pantallas apareció el hombre, pero se veía casi transparente. En el centro de su pecho brillaba una luz dora- da muy bonita. Pero este caso es diferente, con tantas medidas no es que no tenga solidaridad o evolución, sino que las tiene bloqueadas; seguro que en su familia y en su entorno las cacerías tienen buena reputación, aunque a él mismo no le gus- ten realmente; pero el muy bobo se deja llevar por la opinión ajena Luego enfocó a un oso en la pantalla, que también se veía transparente, pero la luz de su pecho brillaba mucho menos que la del hombre.

Después enfocó a un pez.

Ami (trilogía)

Esta vez la luz era mínima—. Cincuenta medidas. La ventaja mía consiste en que yo conoz- co ciertas cosas que ellos ignoran, pero aquí hay gente muy valio- sa: Famoso tal vez. Un cerebro electrónico puede tener un banco impresionante de datos y hacer veloces operaciones, pero no por eso es inteligente.


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No me pareció muy evidente esa afirmación de Ami, pero decidí creerle. Sin embargo, quedé confundido; mi tío era mi héroe Aquí hay un problema de términos: Éste se relaciona con los sentimientos, con las cosas pro- fundas de la existencia, con las verdades eternas y universales, con la creatividad y la intuición, con la sabiduría y el amor. Del equilibrio entre los dos centros depende la luz que viste en la pantalla en el pecho del hombre. Para nosotros, inteligente o sabio es aquel que tiene ambos centros en armonía, y armonía quiere decir que el intelecto debe estar al servicio del corazón.

Eso simplemente lo ignoran. Me puse a reír porque Ami estaba poniendo caras como de loco al decir aquello. Debido a sus limitaciones intelectuales no pueden comprender bien el mundo en el que viven, y eso hace que a fin de cuentas no sean tan buenos. Los afectos de quienes no razonan con claridad no llegan a ser verdadero amor.

Mucho después, pensando en estas cosas comprendí que Ami tenía razón. Recordé las malas noticias de la televisión y vi que en todos los casos en los que seres humanos hacen sufrir o matan a otros seres humanos, allí hay un desequilibrio, una fal- ta de comprensión o de sensibilidad, porque una persona equi- librada no podría hacer infeliz a nadie.

Hacerlo es cosa sólo de desequilibrados, de locos, como me explicó él. Eso me hizo pensar. Intuí que Ami tenía razón. Dios es tan humilde que, a pesar de haber creado todo para nosotros, no se deja ver, sólo nos permite ver su creación. Crea océanos, planetas, galaxias Te prometo que si mi nivel es alto no me voy a poner vanidoso. Bajamos sobre la ciudad de Tokio. En la calle la gente comenzaba a arremolinarse, nos señala- ban con la mano. Nuevamente se encendieron las luces exterio- res de variados colores. Permanecimos apenas unos dos minutos allí.

Vamos a ser trasladados de nuevo. Sólo quedaron las estrellas centelleando tras los vidrios. Abajo no se veía gran cosa, una pequeña ciudad muy lejana, unas pocas luces y un camino por el que venía un automóvil. Fui hacia la pantalla que estaba frente a Ami; allí aparecía todo el panorama perfectamente iluminado. Cuando el vehículo llegó a poca distancia de nosotros se detuvo, estacionó junto al camino, sus ocupantes descendieron, y comenzaron a gesticular y a gritar mientras nos miraban con ojos desencajados.

Es una pareja de estu- diosos de los ovnis, aunque este caso es un poco exagerado. Me pareció que Ami debía sacar de su error a esa pareja y darles alguna explicación. Él percibió lo que yo pensaba y dijo: Lo que hace esta pareja no es nada comparado con errores mucho peores que se cometen en estos mundos, y allí tampoco podemos intervenir, aunque sucedan cosas terribles.

Encontré que ésa era una buena ocasión para comentarle algunas ideas que siempre, toda la vida, durante laaaaargos trece años, me habían rondado: Él se puso de pie, miró por las ventanas y dijo: Así, cada cual puede hacer aquello que tenga ganas de hacer, lo que escoja, pero después, que se atenga a las consecuencias, porque cada uno cosecha lo que sembró Y así como las personas tienen distintos niveles de evolución, también los planetas los tienen.

Nunca había pensado en eso Debido a la falta de evolución, éste era un mundo hostil, lleno de peligros. Pero todavía no se puede decir que éste sea un mundo evolucionado; en algunos lugares hay niños que mueren de hambre, de abandono Eso no parece ser obra de un Dios muy amoroso Ami operó un aparato y en la pantalla aparecieron escenas de guerra; los soldados lanzaban cohetes contra unos edificios, destruyéndolos, y también a las personas que los habitaban.

No pude soportar lo que vi y le pedí que apagara eso. Eso es maldad humana, inconsciencia, ignorancia y locura. No saben lo delicado que es interrumpir violentamente un proyecto evoluti- vo personal, algo tan sagrado Nadie aparece de la nada ni desaparece para siempre, Pedro. Nacemos con la herencia del pasado, vivimos, morimos y volvemos a nacer, y sólo nos llevamos de cada etapa lo que hemos aprendido, y así segui- mos, siempre aprendiendo.

Para ti es cosa de creer o no creer; yo sim- plemente recuerdo que en otras vidas mías, anteriores a ésta, fui fiera y morí muchas veces destrozado por otras fieras; usé muchos cuerpos, morí y nací mil veces; y así fui evolucionando. Entre otras cosas ha aprendido a hacer esfuerzos para ser mejor. No, nada es así en el Universo; muchísimos esfuerzos previos me permitieron llegar hasta aquí, mucho dominar mis tendencias inferiores. Aquello era una nueva lección para mí, y me gustó porque me aclaró algo: Me había tocado ser un humano especial, per- teneciente a un país civilizado, a una clase media relativamente culta.

Ami me había dado la gran respuesta: Eso me hizo recordar algunas quejas mías hacia Dios, hacia la vida, el destino o el Universo; por ejemplo, por no haber podido ser el primer alumno de mi clase, o por no haber naci- do rico, o por no tener padres, y cosas así. Pero ahora veía cla- ramente que aquello era muy tonto, que cada uno se ha ganado todo lo que tiene, lo bueno y lo malo, como dijo Ami.

Entonces volví a tener ante mí la nueva lección, y la perfeccioné: Eso es muy grave, y no podemos intervenir. Tal vez quienes hoy son alcanzados por bombas o balas en una vida anterior o en esta misma fueron malvados con otros, igual como lo son ahora esos soldados con personas a las que ni siquiera conocen. La idea no es castigar sino ayudar a evolu- cionar, a sensibilizar.

Avisos de privacidad Condiciones de uso. Mi Cuenta. Cerrar Artículo s recientemente añadido s No tienes artículos agregados a tu bolsa. Search site: The Criterion Collection Anime. Tarjet de reg lo. Agotado Precio normal: Email Enviar. Agregar a mi lista de deseos Comparar. Detalles Pedro, personaje principal de esta obra es un niño de diez años, que pasa sus vacaciones de verano en un pueblo costero.

AmiEl niño de las estrellas ami estrellas. Diseño de portada: Editorial Sirio, S. Arvide Buenos Aires Del.: Alvaro Obregón Argentina México D. Impreso en Printed in Spain ami estrellas. AmiEl niño de las estrellas Enrique Barrios ami estrellas. Es difícil, a los trece años, escribir un libro. A esta edad nadie entiende mucho de literatura Le haré caso: Dirigida sólo a quienes creen que el Universo y la vida son algo horrendo, y que el Autor de todo seguro que no existe, o que es un malvado No sigas leyendo, no te va a gustar: AmiAdvertencia ami estrellas.

Salmo Isaías 2: Primera parte ami estrellas. Todo comenzó un atardecer de verano, en un tranquilo y pequeño pueblo de playa donde vamos de vacaciones con mi abuela casi todos los años. Siempre nos quedamos en una pequeña cabaña de madera con varios pinos y arbustos en el patio, y por delante un jardín lleno de flores. Se encuentra en las afueras, cerca del mar, en un sendero que lleva hacia la playa. Comenzó a oscurecer. Yo estaba sobre unas rocas altas jun- to a la playa solitaria contemplando el mar.

De pronto vi en el cielo una fuerte luz roja sobre mí, que venía descendiendo, cam- biando de colores y arrojando chispas. A pesar de lo curio- so del hecho, creí haber sido testigo de una especie de desastre aéreo. Cuando ya me iba apareció algo blanco y movedizo en el punto en donde había caído el objeto: No supe si quedarme allí o tratar de bajar hasta las rocas, junto al agua, para ayudarle; pero la altura era mucha, yo iba a tardar bastante en llegar abajo, y esa perso- na parecía gozar de buena salud, a juzgar por su manera enérgi- ca y veloz de nadar.

Llegó a las rocas, salió del agua y antes de comenzar a subir me lanzó una mirada amistosa y una sonrisa. Cuando estuvo en lo alto, frente a mí, se sacudió el agua del abundante cabello y me hizo un alegre guiño de complicidad; entonces me tranquilicé definiti- vamente. Vino a sentarse en un saliente de piedra cercano, suspiró 16 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas. En el pecho llevaba un emblema color oro, un corazón ala- do. Entonces pensé que su atuendo no era un disfraz, sino el uniforme de alguna organización o club deportivo juvenil rela- cionado con aviones. Su cinturón, también dorado, tenía a cada flanco varios ins- trumentos que parecían radios o teléfonos móviles, y en el cen- tro una hebilla grande, brillante y muy vistosa.

Me senté a su lado. Pasamos unos momentos en silencio. Como no hablaba, le pregunté qué le había sucedido. Como él era un chico, pensé que el piloto tendría que ser una persona mayor. Como a él parecía no importarle mucho, imaginé que sus padres serían muy ricos. Él sonrió y no dijo nada. Fue llegando la noche y tuve frío. Él se dio cuenta, porque me preguntó: Después de unos minutos le pregunté qué iba a hacer. Pensé que estaba frente a un chico importante, no como yo, un simple estudiante en vacaciones.

Él tenía un avión, un uniforme y una misión, tal vez algo secreto No me atreví a preguntarle a qué club pertenecía ni de qué se trataba su misión; me infundía algo así como respeto o temor, a pesar de lo pequeño; era diferente, demasiado silencioso. Tal vez quedó un poco atontado por efec- to del accidente.

Él se dio cuenta de mi molestia y le pareció divertido el asunto.


  1. Sigue al autor.
  2. circuitos selva negra 2018.
  3. fondo fiesta ibicenca;
  4. chica busca chica amistad.
  5. AMI EL NIÑO DE LAS ESTRELLAS!
  6. Extrajo del cinturón uno de los aparatos; era una cal- culadora, la encendió y aparecieron unos signos luminosos, des- conocidos para mí. Sacó unas cuentas y al ver el resultado se puso a reír y dijo—: No, no, si te lo digo no me lo creerías. Llegó la noche y apareció una bonita luna llena que ilumi- naba el mar y toda la playa. Él permanecía mirando el panorama, el cielo, las estrellas y la luna, siempre en silencio, como si yo no existiese. Entonces comencé a sospechar que ese chico no era de aquí, que venía de lejos, de quién sabe dónde; pero cada vez me iban gustando menos sus silencios, sus misterios.

    Pensé un buen rato antes de abrir la boca. Él me observa- ba con los ojos llenos de curiosidad y de luz, parecía que las estrellas de la noche se reflejaban en sus pupilas, se veía dema- siado radiante para ser normal. Eso era algo 20 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas. Fue entonces cuando supe que sí venía de otro mundo.

    Me sorprendí mucho con su insinuación. Comprendí entonces que quiso decir que los terrícolas no somos muy buenos, y eso me molestó un poco, pero preferí ignorarlo por el momento. Decidí ser muy cauteloso con aquel alien que pretendía rebajar mi autoestima planetaria Por momentos no lo podía creer.

    Sus palabras produjeron un extraño efecto en mí. Pero todavía me seguía molestando algo: Esta atmósfera le otorga un brillo, un color Volví a sentirme mal, peor ahora porque no me estaba res- pondiendo, otra vez. No, no me creerías Una civilización de esa región colonizó el Cordón de Zeta Reticulis y ahora vive en Es un milagro Me miró con aten- ción, no parecía molesto conmigo. Retiré la cabeza; me molesta que me traten como a un niño, sobre todo otro chico, o como a un tonto, porque soy uno de los 22 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas.

    Se creía extraterrestre, por eso decía cosas tan absurdas. Me dio vergüenza y rabia, conmigo mismo y con él. Me dieron ganas de darle un buen golpe en la nariz. Quedé paralizado, sentí temor. Lo miré y me pareció que sonreía victorioso y burlesco, y eso no me gustó, preferí creer que aquello fue una casualidad, una coincidencia entre lo que yo pensé y lo que él dijo.

    Una idea genial me vino a la cabeza: Le hizo gracia mi torpe disimulo. Yo no estaba dispuesto a ceder un milímetro. Estiró las piernas y apoyó los codos sobre la roca. Fue como un golpe en el estómago. Me dieron ganas de llo- rar, me sentí tonto y torpe. Decidí no volver a desconfiar de él. Otra vez me causaba sorpresa y admiración. Luego exclamó con entusiasmo: AmiCapítulo 2 Pedrito volador ami estrellas. Pensé que se iba a matar. Fui corriendo lleno de angustia a echar un vistazo hacia el abismo. No pude creer lo que vi: Pero de inmediato recordé que no debía sorprenderme demasiado por nada de lo que hiciera aquel alegre y extraordi- nario ser de las estrellas.

    Bajé de la roca como pude, con gran cuidado, y me uní a él en la playa. Pensé que me hubiera gustado actuar como él, pero yo no podía sentirme tan libre y alegre así como así. Vino a mi lado intentando animarme y dijo con gran entusiasmo—: Me tomó de la mano y sentí una gran energía en el brazo, en todo el cuerpo, y comenzamos a correr por la playa.

    Parecía suspenderse en el aire unos momentos antes de caer sobre la arena. Poco a poco fui dejando de pensar como de costumbre, fui cambiando; ya no era yo mismo, el de siempre. Animado por el chico de blanco, fui modificando mi forma de pensar, fui deci- diéndome a ser liviano como una pluma, estaba poco a poco aceptando la idea de ser un ave. Cada vez lo hacíamos mejor, y eso me sorprendía. Parecía otra forma de existir, otro mundo. Para mí fue como un sueño. Cuando me sentí cansado me lancé sobre la arena jadeando y riendo feliz.

    Había sido algo fabuloso, una experien- cia inolvidable. No sabía todavía nada acerca de las sorpresas que me tenía preparadas aquella noche increíble Mi amigo, tendido sobre la arena bañada por la claridad de nuestro satélite natural, con- templaba con deleite, extasiado, esos movedizos reflejos sobre las aguas nocturnas; luego se regocijaba mirando la luna llena. Yo nunca había pensado que lo fuera, pero ahora que él lo decía Suspiró mirando hacia un punto del cielo a nuestra derecha. Recordé que me había insinuado que los terrícolas no somos demasiado buenos, y creí comprender una de las razones: Le hizo gracia mi pregunta.

    Es sólo que no existen en tu lengua los sonidos de mi nombre, así que no vas a poder pronunciarlo. Vaya, yo creía que eras telépata. Porque eso es lo que soy: Me miró con alegría y exclamó: Yo sentí que en ese momento sellaba una nueva y muy especial amistad, y así iba a ser.

    Mientras Ami observaba el cielo me puse a pensar en las películas de invasores extraterrestres que había visto tantas veces en la televisión, en el cine y en Internet. Mi pregunta le hizo gracia. Su risa fue tan alegre que me contagió y me hizo sentir ridícu- lo por mi desconfianza. Después traté de justificarme: Apretó un botón y apareció una pantalla encendida. Era un pequeño televisor en colores y sorprendente- mente claro y nítido. Ami hacía zapping con rapidez. Aparecían unos seres con cabezas de pulpo y muchos ojos saltones surcados de venitas rojas.

    Disparaban rayos verdes contra 30 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas. Mi amigo parecía divertirse con ese film. Me dejó pensando, pero al final no me convenció. Sonrió y me dijo: Claro que no. Yo no podía comprender.